Creo que conozco a un par de personas que trabajan en Autocontrol. Como sabéis, es una organización que trata de combatir las malas artes publicitarias. Estoy a punto de llamar para denunciar un anuncio que es la quintaesencia del machismo elevada al cubo. Se trata de uno de Visionlab que protagoniza Pierce Brosnan, una pena, porque el señor es estupendo, pero debe andar escaso de fondos y ha accedido a hacer semejante aberración. Un tipo supuestamente feo que se pone unas gafas y se convierte en Pierce Brosnan, momento en el que todas las señoras de la óptica se ponen a suspirar. Se las quita y todas ponen cara de asco, incluso una hace ademán de vomitar. Así unas cuantas veces.
Os preguntaréis dónde está el machismo de la situación, cuando son ellas las que ridiculizan al supuesto feo. Pues ahí mismo, en la idea de "como hay asesinos, yo también mato", "como hay maltratadores, yo también maltrato". Es cierto que burlarse de la fea y ensalzar a la bella de turno es ya todo un clásico al que estamos más que acostumbrados. Véase la cantidad de series y películas que tratan del tema, hasta el día que la fea se quita el aparato, se peina, se quita las gafas, et voilà, entonces ya vale. Tan trasnochado como la mayoría de los temas de las pelis de Disney que me tragaba de peque. Y tan alejado de la realidad. Si el asunto resulta triste de por sí, por qué seguir el juego. Es una burda manera de dar por bueno lo que se intenta combatir a todo trance.
Me pregunto como se sentirá el actor que hace del feo en el anuncio. Supongo que se reirá del tema con el dinerito en el bolsillo, pero posiblemente en el fondo le duela un poquito. Sé que se trata de un chiste, pero a mí no me hace gracia.
Si yo fuese Pierce Brosnan, no se si me hubiese prestado a protagonizar tal muestra del humor zafio. Aunque sea por aquello de "no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a tí".
Voy a ver si averiguo si mis contactos siguen en Autocontrol.
Escribir en un blog es como estar en una isla desierta, desde la que envías mensajes en una botella. Los puede recibir cualquiera. Puede leerlos, no leerlos, leerlos y devolverlos al mar. O leerlos, escribir una respuesta y esperar que se reciba. Puede no entender tu idioma. Hay muchos mundos, hasta en la puerta de al lado.
viernes, 15 de enero de 2010
viernes, 4 de diciembre de 2009
The little idiot and dog.
No puedo estar tan negativa. Lo tengo que superar. Es cierto que la gente que realmente vale la pena es muy poca y la lástima es que hay muchos que nunca llegaremos a conocer.
No soy mitómana en absoluto, pero hay personas que no puedes evitar que te den buen feeling. Hoy me toca hacer mi pequeño homenaje a un personaje que siendo feúcho es lo más y eso es genial, porque su atractivo puede crecer con los años. Me encanta todo lo que hace y, por lo que he leído sobre él y por alguna entrevista, suelo coincidir con sus puntos de vista. Parece abierto, independiente, privado y tolerante. Y lo mejor, increíblemente original.
Aquí va un link al vídeo de uno de sus últimos trabajos. Bonita historia de amor, porque no es otra cosa que esto, pero desde un prisma diferente. La música es suya, así como la creación de los personajes. Me gusta todo, pero no os perdáis la luz de la lámpara. Simplemente precioso.
http://www.youtube.com/watch?v=LI-jUL07pXw
No soy mitómana en absoluto, pero hay personas que no puedes evitar que te den buen feeling. Hoy me toca hacer mi pequeño homenaje a un personaje que siendo feúcho es lo más y eso es genial, porque su atractivo puede crecer con los años. Me encanta todo lo que hace y, por lo que he leído sobre él y por alguna entrevista, suelo coincidir con sus puntos de vista. Parece abierto, independiente, privado y tolerante. Y lo mejor, increíblemente original.
Aquí va un link al vídeo de uno de sus últimos trabajos. Bonita historia de amor, porque no es otra cosa que esto, pero desde un prisma diferente. La música es suya, así como la creación de los personajes. Me gusta todo, pero no os perdáis la luz de la lámpara. Simplemente precioso.
http://www.youtube.com/watch?v=LI-jUL07pXw
martes, 17 de noviembre de 2009
...Y cuando el rostro volvió.
De pequeña, mi madre me contaba a menudo una fábula sobre un sabio que vivía miserablemente. El hombre vivía en tal situación, que solo podía comer hierbas del campo. Un día se giró y vió cómo había quien vivía recogiendo las hierbas que él tiraba.
Hay rachas en la vida en que uno se siente pobre de espíritu, que es la peor clase de pobreza que se puede tener. Nos damos cuenta de que no dedicamos el tiempo suficiente a lo que queremos hacer, sino que perdemos el tiempo en lo que debemos hacer. Por "debemos hacer" me refiero a trabajar para pagar facturas, a compromisos sociales y laborales que no nos satisfacen, al tiempo invertido en perseguir estereotipos imposibles. No vivimos como creemos. Nuestras obligaciones, a menudo autoimpuestas, nos apartan de lo que de verdad querríamos ser y nos sentimos pobres, muy pobres.
Pero hoy he vuelto el rostro y he visto quién es aún más pobre que yo. En una fotografía de una revista, una conocida joven de la alta sociedad, casada con un torero, inauguraba uno de esos rancios rastrillos de beneficencia. Eso es peor. Vender en un rastrillo lo que les sobra a las pititas y estar casada con un tipo que saca un buen beneficio de hacer espectáculo con el sufrimiento de un ser vivo. No se me ocurre una peor forma de vida ni una miseria del alma más profunda.
La fábula del sabio concluye:
"y cuando el rostro volvió
halló la respuesta viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó".
La lástima es que los que vivían de hierbajos eran sabios. En este caso, los más pobres de espíritu son los más ricos de bolsillo. Consuela pensar que su alma se alimenta de las sobras de otros, con menos dinero pero más vergüenza.
Hay rachas en la vida en que uno se siente pobre de espíritu, que es la peor clase de pobreza que se puede tener. Nos damos cuenta de que no dedicamos el tiempo suficiente a lo que queremos hacer, sino que perdemos el tiempo en lo que debemos hacer. Por "debemos hacer" me refiero a trabajar para pagar facturas, a compromisos sociales y laborales que no nos satisfacen, al tiempo invertido en perseguir estereotipos imposibles. No vivimos como creemos. Nuestras obligaciones, a menudo autoimpuestas, nos apartan de lo que de verdad querríamos ser y nos sentimos pobres, muy pobres.
Pero hoy he vuelto el rostro y he visto quién es aún más pobre que yo. En una fotografía de una revista, una conocida joven de la alta sociedad, casada con un torero, inauguraba uno de esos rancios rastrillos de beneficencia. Eso es peor. Vender en un rastrillo lo que les sobra a las pititas y estar casada con un tipo que saca un buen beneficio de hacer espectáculo con el sufrimiento de un ser vivo. No se me ocurre una peor forma de vida ni una miseria del alma más profunda.
La fábula del sabio concluye:
"y cuando el rostro volvió
halló la respuesta viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó".
La lástima es que los que vivían de hierbajos eran sabios. En este caso, los más pobres de espíritu son los más ricos de bolsillo. Consuela pensar que su alma se alimenta de las sobras de otros, con menos dinero pero más vergüenza.
lunes, 10 de agosto de 2009
La teoría del espacio
El mundo de las relaciones humanas es un terreno escabroso. Si bien es cierto que no se puede poner en una balanza lo que las partes entregan a esa relación para valorar si es equitativo, todos en algún momento hemos temido estar metidos en una relación sea del signo que sea, en la que nos parece ser la parte perdedora.
En cualquier tipo de relación lo bonito es dar, más que recibir. Pero si una parte da mucho más que la otra, rara es la vez que esa relación sobrevive de manera saludable. Una relación de pareja o de amistad es como formar un equipo, es necesario que todos pongan lo mejor de su parte y tengan un fin común. No significa esto que los componentes tengan que aportar lo mismo, o ser idénticos en inteligencia, belleza, cultura o tener idénticas aficiones, sino que tengan algo que aportar y quieran aportarlo. Esto es difícil de evaluar, por no decir que es imposible medir quién pone qué.
La teoría del espacio es una forma bastante fiable de saber si una relación es equitativa o no lo es.
A muchos nos ha pasado que recordamos con inmenso cariño a un amigo de la infancia o de la adolescencia, pero volvemos a encontrar a esa persona y nos quedamos desagradablemente sorprendidos cuando vemos que apenas nos recuerda. En mi teoría, el espacio que esa persona ocupa en nuestra vida es mucho, pero el que nosotros ocupamos en la suya es poco. Por lo tanto, esa amistad nunca fue del todo real.
El espacio que una persona ocupa en nuestra vida se traduce en el tiempo que pensamos en ella, en lo que haríamos por esa persona, en lo que pesa en nuestras decisiones. A veces eso es difícil de saber, pero muy a menudo te encuentras detalles que te indican como alguien, sin decir una palabra, te valora y te demuestra qué gran espacio te dedica. Hay casos en que nunca sabrás la gran decepción que es para alguien que no le prestes atención, pero casi siempre el tiempo hace cuadrar los espacios equivalentes.
Esto enlaza con mi otra teoría de "dentro de cien años nadie se acordará". Por eso, si alguien ocupa espacio en mi vida se lo intentaré hacer saber aunque me cueste, porque que se entere dentro de cien años quizá ya no me valga de mucho.
En cualquier tipo de relación lo bonito es dar, más que recibir. Pero si una parte da mucho más que la otra, rara es la vez que esa relación sobrevive de manera saludable. Una relación de pareja o de amistad es como formar un equipo, es necesario que todos pongan lo mejor de su parte y tengan un fin común. No significa esto que los componentes tengan que aportar lo mismo, o ser idénticos en inteligencia, belleza, cultura o tener idénticas aficiones, sino que tengan algo que aportar y quieran aportarlo. Esto es difícil de evaluar, por no decir que es imposible medir quién pone qué.
La teoría del espacio es una forma bastante fiable de saber si una relación es equitativa o no lo es.
A muchos nos ha pasado que recordamos con inmenso cariño a un amigo de la infancia o de la adolescencia, pero volvemos a encontrar a esa persona y nos quedamos desagradablemente sorprendidos cuando vemos que apenas nos recuerda. En mi teoría, el espacio que esa persona ocupa en nuestra vida es mucho, pero el que nosotros ocupamos en la suya es poco. Por lo tanto, esa amistad nunca fue del todo real.
El espacio que una persona ocupa en nuestra vida se traduce en el tiempo que pensamos en ella, en lo que haríamos por esa persona, en lo que pesa en nuestras decisiones. A veces eso es difícil de saber, pero muy a menudo te encuentras detalles que te indican como alguien, sin decir una palabra, te valora y te demuestra qué gran espacio te dedica. Hay casos en que nunca sabrás la gran decepción que es para alguien que no le prestes atención, pero casi siempre el tiempo hace cuadrar los espacios equivalentes.
Esto enlaza con mi otra teoría de "dentro de cien años nadie se acordará". Por eso, si alguien ocupa espacio en mi vida se lo intentaré hacer saber aunque me cueste, porque que se entere dentro de cien años quizá ya no me valga de mucho.
lunes, 6 de julio de 2009
Qui êtes-vous, Polly Maggoo?
En el Metropolitan de Nueva York he visto hace poco una exposición sobre modelos y fotógrafos. Aunque el tema parece ameno, resultaba bastante aburrida porque, como decía el del anuncio de queso, de tanto que nos lo meten a calzador "lo tengo aborrecío". Además, el mundo de las fotinis siempre me ha dado un poco de mal rollo, no me preguntes por qué. No se como se las apañan, pero mucho National Geographic y todos acaban haciendo fotos de culos. Lo único llamativo de la exposición era una sala donde tenían parte del vestuario de una peli de los 60 que se llama "Qui êtes-vous, Polly Maggoo?", en la época en que Paco Rabanne sacó aquellos trajes de metal que le hicieron tan famoso. Es una sátira de aquel momento.
Cuando empecé a trabajar a temprana edad (tonta yo, no sé por qué no hice año sabático, máster o lo que sea para marear la perdiz un poco más), me coloqué en una agencia de publicidad americana donde trabajaba una creativa que, a decir verdad, desprendía una cara dura de impresión. Decía que para saber si una campaña era buena o mala, pasaba de tests de mercado, dinámicas de grupo y otros métodos, ya que lo que mejor funcionaba era el "madre-test". Le contaba la idea a su madre, y si lo pillaba y le gustaba, sabía que tendría éxito con la mayoría de la gente.
Mi madre tiene una habilidad parecida, pues a todo le cambia el nombre para llamarle algo que le suena mejor o le sale más fácil. Además, en un momento, tira por tierra cualquier estrategia comercial que hayan ideado para que algo sea lo más poniéndole, sin darse cuenta, un nombre ridículo ya que, además, es negada para los idiomas. Lo último es que al fotoshop le llama el fotoshock. Y es que me parece que el nombre inventado es mejor que el original, ya que siempre he pensado que los que se dedican a "fotoshopear" las fotos de las revistas deben ser la reencarnación moderna de los que maquillan los cadáveres en la funeraria. Mi madre ha clavado el shock que se llevan tanto los que han visto el original como los que tenemos que vivir con el imposible de las fotos retocadas.
Como le decía yo a un amigo que le va la historia esta de las fotos, en las únicas que me gusto es en las que no parezco yo. Será para que mi madre se pregunte "Qui êtes-vous, Polly Maggoo?".
Cuando empecé a trabajar a temprana edad (tonta yo, no sé por qué no hice año sabático, máster o lo que sea para marear la perdiz un poco más), me coloqué en una agencia de publicidad americana donde trabajaba una creativa que, a decir verdad, desprendía una cara dura de impresión. Decía que para saber si una campaña era buena o mala, pasaba de tests de mercado, dinámicas de grupo y otros métodos, ya que lo que mejor funcionaba era el "madre-test". Le contaba la idea a su madre, y si lo pillaba y le gustaba, sabía que tendría éxito con la mayoría de la gente.
Mi madre tiene una habilidad parecida, pues a todo le cambia el nombre para llamarle algo que le suena mejor o le sale más fácil. Además, en un momento, tira por tierra cualquier estrategia comercial que hayan ideado para que algo sea lo más poniéndole, sin darse cuenta, un nombre ridículo ya que, además, es negada para los idiomas. Lo último es que al fotoshop le llama el fotoshock. Y es que me parece que el nombre inventado es mejor que el original, ya que siempre he pensado que los que se dedican a "fotoshopear" las fotos de las revistas deben ser la reencarnación moderna de los que maquillan los cadáveres en la funeraria. Mi madre ha clavado el shock que se llevan tanto los que han visto el original como los que tenemos que vivir con el imposible de las fotos retocadas.
Como le decía yo a un amigo que le va la historia esta de las fotos, en las únicas que me gusto es en las que no parezco yo. Será para que mi madre se pregunte "Qui êtes-vous, Polly Maggoo?".
jueves, 4 de junio de 2009
The greatest thing you´ll ever learn is just to love and be loved in return.
Demasiado a menudo siento vergüenza del género humano y me pregunto si algún día será posible que no sea necesario que existan declaraciones universales de los derechos humanos, del niño o del animal. Me pregunto si alguna vez existirá una generación cuya educación haya sido la correcta y suficiente para actuar de manera digna. Es una utopía, lo sé. El mundo no es así. Pero sí es cierto que cada vez somos más los que pensamos que una sociedad que protege a los niños y a los animales es una sociedad sana. Tal vez un día sean mayoría aplastante los que piensan así y su ética sea más fuerte que los beneficios que generan ciertas industrias basadas en el abuso del que no se puede defender, como son los niños y los animales.
La declaración universal de los derechos del animal es en sí un texto bellísimo. Si todos sus puntos se observasen, significaría que la calidad del género humano, o como muchos se autodenominan, los animales-humanos, habría alcanzado su verdadera dignidad. La naturaleza ha querido que los humanos desarrollemos una inteligencia superior. Este privilegio nos obliga a poner nuestra inteligencia al servicio de los que no la tienen y dependen de nosotros. Utilizarla en nuestro beneficio y en detrimento de los demás nos convierte en basura. Y ya hay demasiada basura.
Serán muy pocos los que de nosotros lleguen a ser grandes científicos o personajes extraordinarios que cambien el rumbo de la historia. Pero está en la mano de todos que nuestro entorno sea mejor y que los que nos rodean sean más felices. Si nos paramos a pensarlo, todos tenemos la posibilidad de hacer algo grande. Tan grande como que el género humano deje de dar vergüenza.
La declaración universal de los derechos del animal es en sí un texto bellísimo. Si todos sus puntos se observasen, significaría que la calidad del género humano, o como muchos se autodenominan, los animales-humanos, habría alcanzado su verdadera dignidad. La naturaleza ha querido que los humanos desarrollemos una inteligencia superior. Este privilegio nos obliga a poner nuestra inteligencia al servicio de los que no la tienen y dependen de nosotros. Utilizarla en nuestro beneficio y en detrimento de los demás nos convierte en basura. Y ya hay demasiada basura.
Serán muy pocos los que de nosotros lleguen a ser grandes científicos o personajes extraordinarios que cambien el rumbo de la historia. Pero está en la mano de todos que nuestro entorno sea mejor y que los que nos rodean sean más felices. Si nos paramos a pensarlo, todos tenemos la posibilidad de hacer algo grande. Tan grande como que el género humano deje de dar vergüenza.
martes, 28 de abril de 2009
The Serenity Prayer
Líbranos, Señor, de las chonis de lujo casadas con un niño pijo de cuarenta años y cien kilos o con un carnicero de MercaParís.
Y dicho esto, me presigno en nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y sigo a mis cosas, que me parece que es lo mejor. Aparte de lo único que puedo hacer.
Y dicho esto, me presigno en nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y sigo a mis cosas, que me parece que es lo mejor. Aparte de lo único que puedo hacer.
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