Un amigo me dijo una vez este refrán, que me parece muy cierto: para aprender, viajar y leer.
Ya estoy terminando "El lamento del perezoso" y tengo que reconocer que me está costanto y que me va a tocar releer, porque como lo estoy leyendo en el tren y es género epistolar, de una lectura a otra pierdo el hilo y no me estoy enterando bien... pero ya he aprendido algo muy interesante. El "sloth" es un animal. Es lo que en castellano se conoce como "oso perezoso" o simplemente "perezoso", oriundo de América Central. Aunque también "sloth" se refiere al pecado capital de la pereza.
Este animal vive en los árboles y solo puede vivir en ellos, no se sabe manejar en el suelo. Solo baja al suelo una vez a la semana para hacer sus necesidades, para lo que hace un agujero en la tierra en la base del tronco del árbol en el que vive. Una vez terminada la faena, tapa el agujero. Esto lo hace instintivamente y no se sabe exactamente por qué, pero el resultado es que es un "eco-animal", ya que las hojas del árbol de las que se alimenta, las devuelve al suelo en forma de abono para el mismo árbol. Es decir, paga lo que come, mantiene limpio su entorno y regenera lo que ha gastado.
Me voy a Kenia de vacaciones este año y no sé muy bien qué me voy a encontar, pero yo voy muy happy de ir a ver un montón de animales en su habitat natural y a lo mejor me voy a dar algún susto que otro. Digo esto porque, en un documental de vida salvaje centrado en los carnívoros africanos que era bastante realista, he visto cómo un grupo de hienas se comían vivos a los animales que quedaban rezagados y eran presa fácil por viejos o por enfermos. El espectáculo era realmente espantoso y me pregunto si me va a tocar avistar algo parecido. Espero que no, pero a la vez espero que sí, porque solo viendo las cosas como son se aprende a aceptarlas.
Aunque a estas alturas ya sé que la vida es dura y que no es lo que nos contaron de pequeños, tal vez necesite ver con mis propios ojos lo que realmente somos. Porque los animales humanos somos también parte de esta cadena. Y también somos crueles con los débiles y los viejos. No nos los comemos a bocados vivos porque no nos hace falta, los supermercados están llenos de comida. Pero si no fuera el caso, lo haríamos.
Las hienas en realidad hacen su parte de la cadena y, bien pensado, aceleran la muerte de un animal que tiene sus días contados. Si bien su muerte es espantosa, lo que está por ocurrir ocurre antes. Y las hienas comen.
Me pregunto si los humanos hacemos mal alargando innecesariamente la vida de los que están sentenciados y sufriendo, cuando tenemos en nuestra mano acortar el trance y, además, ahorrar sufrimiento. Los animales, que no concen de nuestra moral sino que tienen la suya propia, tienen muy claro lo que hay que hacer. La cuestión es difícil y luchamos con una doble moral; por un lado tenemos que cuidar y hacernos cargo del débil, pero por otro somos plenamente conscientes de que el engranaje social les rechaza cada día. Somos animales y como tales nacemos y morimos. Pero el montaje social que hemos hecho va por otro lado, obviando lo evidente y obligándonos a vivir en una doble moral.
Tengo que seguir leyendo y viajando para intentar entender todas estas cuestiones, aunque me temo que moriré y me seguirá resultando incomprensible.
Escribir en un blog es como estar en una isla desierta, desde la que envías mensajes en una botella. Los puede recibir cualquiera. Puede leerlos, no leerlos, leerlos y devolverlos al mar. O leerlos, escribir una respuesta y esperar que se reciba. Puede no entender tu idioma. Hay muchos mundos, hasta en la puerta de al lado.
domingo, 1 de agosto de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
El lamento del ratón perezoso.
Hace mucho que no escribo. Lo sé. Lo que no sé es si es realmente por falta de tiempo o porque creo que mi blog no es muy exitoso. Teniendo en cuenta que lo segundo me trae al fresco porque no escribo para nadie sino para mí y si alguien me lee suerte que he tenido, me temo que la razón es que últimamente no tengo momento de centrarme. Pero ahora lo voy a intentar para, desde la más sincera modestia, recomendar un libro.
Se trata de la novela Firmin, de Sam Savage. Desde las primeras líneas ya supe que me iba a gustar, aunque esto me pasa casi siempre. Soy incapaz de leer un libro que no me guste desde el principio. Este lo leí en un día de Semana Santa; es breve, pero tan bonito que no necesita extenderse más. El protagonista es una rata (o "rato", ya que es un macho) que vive en una librería y se alimenta del papel de los libros, por lo que aprende a leer. A lo largo del libro se humaniza, hasta que no sabes si es animal o es persona y te sorprende cuando puedes identificar sus sentimientos con los tuyos. Me hizo llorar el momento en que le ponen veneno matarratas. No destripo el asunto por si lo vais a leer, pero es una metáfora del cariño que mata, o al menos que hace daño, para no ponerme demasiado dramática. A Firmin le ocurre lo que pasa a menudo, cuando tienes sentimientos tan sinceros hacia alguien que te parece imposible no ser correspondido. En este caso, la pobre rata cree que el que supone su mejor amigo, en su desconocimiento de la reacción de los humanos hacia estos bichos, le está invitando a merendar, cuando la supuesta merienda es un veneno. No cuento más, pero es para que se entienda por qué se me caían las lágrimas por la inocencia del pobre animal, en la que reconozco la mía, o más bien mi torpeza, porque yo no soy una rata. Creo.
El libro es muy barato en su edición de bolsillo y vale la pena. Como plus, es la "opera prima" de Sam Savage, a la tierna edad de 67 años. Ya ha sacado un segundo libro, El lamento del perezoso, a los 70, que espero ansiosa recibir por correo, porque soy tan chula que lo he comprado en inglés, para hacer los honores como es debido.
Aunque hay dos tipos de tonto, el que presta un libro y el que lo devuelve, estoy dispuesta a prestarlo. Porque estoy convencida de que, si estás leyendo esto, no me vas a dar veneno de merienda.
Se trata de la novela Firmin, de Sam Savage. Desde las primeras líneas ya supe que me iba a gustar, aunque esto me pasa casi siempre. Soy incapaz de leer un libro que no me guste desde el principio. Este lo leí en un día de Semana Santa; es breve, pero tan bonito que no necesita extenderse más. El protagonista es una rata (o "rato", ya que es un macho) que vive en una librería y se alimenta del papel de los libros, por lo que aprende a leer. A lo largo del libro se humaniza, hasta que no sabes si es animal o es persona y te sorprende cuando puedes identificar sus sentimientos con los tuyos. Me hizo llorar el momento en que le ponen veneno matarratas. No destripo el asunto por si lo vais a leer, pero es una metáfora del cariño que mata, o al menos que hace daño, para no ponerme demasiado dramática. A Firmin le ocurre lo que pasa a menudo, cuando tienes sentimientos tan sinceros hacia alguien que te parece imposible no ser correspondido. En este caso, la pobre rata cree que el que supone su mejor amigo, en su desconocimiento de la reacción de los humanos hacia estos bichos, le está invitando a merendar, cuando la supuesta merienda es un veneno. No cuento más, pero es para que se entienda por qué se me caían las lágrimas por la inocencia del pobre animal, en la que reconozco la mía, o más bien mi torpeza, porque yo no soy una rata. Creo.
El libro es muy barato en su edición de bolsillo y vale la pena. Como plus, es la "opera prima" de Sam Savage, a la tierna edad de 67 años. Ya ha sacado un segundo libro, El lamento del perezoso, a los 70, que espero ansiosa recibir por correo, porque soy tan chula que lo he comprado en inglés, para hacer los honores como es debido.
Aunque hay dos tipos de tonto, el que presta un libro y el que lo devuelve, estoy dispuesta a prestarlo. Porque estoy convencida de que, si estás leyendo esto, no me vas a dar veneno de merienda.
viernes, 15 de enero de 2010
The Beauty and the Beast.
Creo que conozco a un par de personas que trabajan en Autocontrol. Como sabéis, es una organización que trata de combatir las malas artes publicitarias. Estoy a punto de llamar para denunciar un anuncio que es la quintaesencia del machismo elevada al cubo. Se trata de uno de Visionlab que protagoniza Pierce Brosnan, una pena, porque el señor es estupendo, pero debe andar escaso de fondos y ha accedido a hacer semejante aberración. Un tipo supuestamente feo que se pone unas gafas y se convierte en Pierce Brosnan, momento en el que todas las señoras de la óptica se ponen a suspirar. Se las quita y todas ponen cara de asco, incluso una hace ademán de vomitar. Así unas cuantas veces.
Os preguntaréis dónde está el machismo de la situación, cuando son ellas las que ridiculizan al supuesto feo. Pues ahí mismo, en la idea de "como hay asesinos, yo también mato", "como hay maltratadores, yo también maltrato". Es cierto que burlarse de la fea y ensalzar a la bella de turno es ya todo un clásico al que estamos más que acostumbrados. Véase la cantidad de series y películas que tratan del tema, hasta el día que la fea se quita el aparato, se peina, se quita las gafas, et voilà, entonces ya vale. Tan trasnochado como la mayoría de los temas de las pelis de Disney que me tragaba de peque. Y tan alejado de la realidad. Si el asunto resulta triste de por sí, por qué seguir el juego. Es una burda manera de dar por bueno lo que se intenta combatir a todo trance.
Me pregunto como se sentirá el actor que hace del feo en el anuncio. Supongo que se reirá del tema con el dinerito en el bolsillo, pero posiblemente en el fondo le duela un poquito. Sé que se trata de un chiste, pero a mí no me hace gracia.
Si yo fuese Pierce Brosnan, no se si me hubiese prestado a protagonizar tal muestra del humor zafio. Aunque sea por aquello de "no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a tí".
Voy a ver si averiguo si mis contactos siguen en Autocontrol.
Os preguntaréis dónde está el machismo de la situación, cuando son ellas las que ridiculizan al supuesto feo. Pues ahí mismo, en la idea de "como hay asesinos, yo también mato", "como hay maltratadores, yo también maltrato". Es cierto que burlarse de la fea y ensalzar a la bella de turno es ya todo un clásico al que estamos más que acostumbrados. Véase la cantidad de series y películas que tratan del tema, hasta el día que la fea se quita el aparato, se peina, se quita las gafas, et voilà, entonces ya vale. Tan trasnochado como la mayoría de los temas de las pelis de Disney que me tragaba de peque. Y tan alejado de la realidad. Si el asunto resulta triste de por sí, por qué seguir el juego. Es una burda manera de dar por bueno lo que se intenta combatir a todo trance.
Me pregunto como se sentirá el actor que hace del feo en el anuncio. Supongo que se reirá del tema con el dinerito en el bolsillo, pero posiblemente en el fondo le duela un poquito. Sé que se trata de un chiste, pero a mí no me hace gracia.
Si yo fuese Pierce Brosnan, no se si me hubiese prestado a protagonizar tal muestra del humor zafio. Aunque sea por aquello de "no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a tí".
Voy a ver si averiguo si mis contactos siguen en Autocontrol.
viernes, 4 de diciembre de 2009
The little idiot and dog.
No puedo estar tan negativa. Lo tengo que superar. Es cierto que la gente que realmente vale la pena es muy poca y la lástima es que hay muchos que nunca llegaremos a conocer.
No soy mitómana en absoluto, pero hay personas que no puedes evitar que te den buen feeling. Hoy me toca hacer mi pequeño homenaje a un personaje que siendo feúcho es lo más y eso es genial, porque su atractivo puede crecer con los años. Me encanta todo lo que hace y, por lo que he leído sobre él y por alguna entrevista, suelo coincidir con sus puntos de vista. Parece abierto, independiente, privado y tolerante. Y lo mejor, increíblemente original.
Aquí va un link al vídeo de uno de sus últimos trabajos. Bonita historia de amor, porque no es otra cosa que esto, pero desde un prisma diferente. La música es suya, así como la creación de los personajes. Me gusta todo, pero no os perdáis la luz de la lámpara. Simplemente precioso.
http://www.youtube.com/watch?v=LI-jUL07pXw
No soy mitómana en absoluto, pero hay personas que no puedes evitar que te den buen feeling. Hoy me toca hacer mi pequeño homenaje a un personaje que siendo feúcho es lo más y eso es genial, porque su atractivo puede crecer con los años. Me encanta todo lo que hace y, por lo que he leído sobre él y por alguna entrevista, suelo coincidir con sus puntos de vista. Parece abierto, independiente, privado y tolerante. Y lo mejor, increíblemente original.
Aquí va un link al vídeo de uno de sus últimos trabajos. Bonita historia de amor, porque no es otra cosa que esto, pero desde un prisma diferente. La música es suya, así como la creación de los personajes. Me gusta todo, pero no os perdáis la luz de la lámpara. Simplemente precioso.
http://www.youtube.com/watch?v=LI-jUL07pXw
martes, 17 de noviembre de 2009
...Y cuando el rostro volvió.
De pequeña, mi madre me contaba a menudo una fábula sobre un sabio que vivía miserablemente. El hombre vivía en tal situación, que solo podía comer hierbas del campo. Un día se giró y vió cómo había quien vivía recogiendo las hierbas que él tiraba.
Hay rachas en la vida en que uno se siente pobre de espíritu, que es la peor clase de pobreza que se puede tener. Nos damos cuenta de que no dedicamos el tiempo suficiente a lo que queremos hacer, sino que perdemos el tiempo en lo que debemos hacer. Por "debemos hacer" me refiero a trabajar para pagar facturas, a compromisos sociales y laborales que no nos satisfacen, al tiempo invertido en perseguir estereotipos imposibles. No vivimos como creemos. Nuestras obligaciones, a menudo autoimpuestas, nos apartan de lo que de verdad querríamos ser y nos sentimos pobres, muy pobres.
Pero hoy he vuelto el rostro y he visto quién es aún más pobre que yo. En una fotografía de una revista, una conocida joven de la alta sociedad, casada con un torero, inauguraba uno de esos rancios rastrillos de beneficencia. Eso es peor. Vender en un rastrillo lo que les sobra a las pititas y estar casada con un tipo que saca un buen beneficio de hacer espectáculo con el sufrimiento de un ser vivo. No se me ocurre una peor forma de vida ni una miseria del alma más profunda.
La fábula del sabio concluye:
"y cuando el rostro volvió
halló la respuesta viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó".
La lástima es que los que vivían de hierbajos eran sabios. En este caso, los más pobres de espíritu son los más ricos de bolsillo. Consuela pensar que su alma se alimenta de las sobras de otros, con menos dinero pero más vergüenza.
Hay rachas en la vida en que uno se siente pobre de espíritu, que es la peor clase de pobreza que se puede tener. Nos damos cuenta de que no dedicamos el tiempo suficiente a lo que queremos hacer, sino que perdemos el tiempo en lo que debemos hacer. Por "debemos hacer" me refiero a trabajar para pagar facturas, a compromisos sociales y laborales que no nos satisfacen, al tiempo invertido en perseguir estereotipos imposibles. No vivimos como creemos. Nuestras obligaciones, a menudo autoimpuestas, nos apartan de lo que de verdad querríamos ser y nos sentimos pobres, muy pobres.
Pero hoy he vuelto el rostro y he visto quién es aún más pobre que yo. En una fotografía de una revista, una conocida joven de la alta sociedad, casada con un torero, inauguraba uno de esos rancios rastrillos de beneficencia. Eso es peor. Vender en un rastrillo lo que les sobra a las pititas y estar casada con un tipo que saca un buen beneficio de hacer espectáculo con el sufrimiento de un ser vivo. No se me ocurre una peor forma de vida ni una miseria del alma más profunda.
La fábula del sabio concluye:
"y cuando el rostro volvió
halló la respuesta viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó".
La lástima es que los que vivían de hierbajos eran sabios. En este caso, los más pobres de espíritu son los más ricos de bolsillo. Consuela pensar que su alma se alimenta de las sobras de otros, con menos dinero pero más vergüenza.
lunes, 10 de agosto de 2009
La teoría del espacio
El mundo de las relaciones humanas es un terreno escabroso. Si bien es cierto que no se puede poner en una balanza lo que las partes entregan a esa relación para valorar si es equitativo, todos en algún momento hemos temido estar metidos en una relación sea del signo que sea, en la que nos parece ser la parte perdedora.
En cualquier tipo de relación lo bonito es dar, más que recibir. Pero si una parte da mucho más que la otra, rara es la vez que esa relación sobrevive de manera saludable. Una relación de pareja o de amistad es como formar un equipo, es necesario que todos pongan lo mejor de su parte y tengan un fin común. No significa esto que los componentes tengan que aportar lo mismo, o ser idénticos en inteligencia, belleza, cultura o tener idénticas aficiones, sino que tengan algo que aportar y quieran aportarlo. Esto es difícil de evaluar, por no decir que es imposible medir quién pone qué.
La teoría del espacio es una forma bastante fiable de saber si una relación es equitativa o no lo es.
A muchos nos ha pasado que recordamos con inmenso cariño a un amigo de la infancia o de la adolescencia, pero volvemos a encontrar a esa persona y nos quedamos desagradablemente sorprendidos cuando vemos que apenas nos recuerda. En mi teoría, el espacio que esa persona ocupa en nuestra vida es mucho, pero el que nosotros ocupamos en la suya es poco. Por lo tanto, esa amistad nunca fue del todo real.
El espacio que una persona ocupa en nuestra vida se traduce en el tiempo que pensamos en ella, en lo que haríamos por esa persona, en lo que pesa en nuestras decisiones. A veces eso es difícil de saber, pero muy a menudo te encuentras detalles que te indican como alguien, sin decir una palabra, te valora y te demuestra qué gran espacio te dedica. Hay casos en que nunca sabrás la gran decepción que es para alguien que no le prestes atención, pero casi siempre el tiempo hace cuadrar los espacios equivalentes.
Esto enlaza con mi otra teoría de "dentro de cien años nadie se acordará". Por eso, si alguien ocupa espacio en mi vida se lo intentaré hacer saber aunque me cueste, porque que se entere dentro de cien años quizá ya no me valga de mucho.
En cualquier tipo de relación lo bonito es dar, más que recibir. Pero si una parte da mucho más que la otra, rara es la vez que esa relación sobrevive de manera saludable. Una relación de pareja o de amistad es como formar un equipo, es necesario que todos pongan lo mejor de su parte y tengan un fin común. No significa esto que los componentes tengan que aportar lo mismo, o ser idénticos en inteligencia, belleza, cultura o tener idénticas aficiones, sino que tengan algo que aportar y quieran aportarlo. Esto es difícil de evaluar, por no decir que es imposible medir quién pone qué.
La teoría del espacio es una forma bastante fiable de saber si una relación es equitativa o no lo es.
A muchos nos ha pasado que recordamos con inmenso cariño a un amigo de la infancia o de la adolescencia, pero volvemos a encontrar a esa persona y nos quedamos desagradablemente sorprendidos cuando vemos que apenas nos recuerda. En mi teoría, el espacio que esa persona ocupa en nuestra vida es mucho, pero el que nosotros ocupamos en la suya es poco. Por lo tanto, esa amistad nunca fue del todo real.
El espacio que una persona ocupa en nuestra vida se traduce en el tiempo que pensamos en ella, en lo que haríamos por esa persona, en lo que pesa en nuestras decisiones. A veces eso es difícil de saber, pero muy a menudo te encuentras detalles que te indican como alguien, sin decir una palabra, te valora y te demuestra qué gran espacio te dedica. Hay casos en que nunca sabrás la gran decepción que es para alguien que no le prestes atención, pero casi siempre el tiempo hace cuadrar los espacios equivalentes.
Esto enlaza con mi otra teoría de "dentro de cien años nadie se acordará". Por eso, si alguien ocupa espacio en mi vida se lo intentaré hacer saber aunque me cueste, porque que se entere dentro de cien años quizá ya no me valga de mucho.
lunes, 6 de julio de 2009
Qui êtes-vous, Polly Maggoo?
En el Metropolitan de Nueva York he visto hace poco una exposición sobre modelos y fotógrafos. Aunque el tema parece ameno, resultaba bastante aburrida porque, como decía el del anuncio de queso, de tanto que nos lo meten a calzador "lo tengo aborrecío". Además, el mundo de las fotinis siempre me ha dado un poco de mal rollo, no me preguntes por qué. No se como se las apañan, pero mucho National Geographic y todos acaban haciendo fotos de culos. Lo único llamativo de la exposición era una sala donde tenían parte del vestuario de una peli de los 60 que se llama "Qui êtes-vous, Polly Maggoo?", en la época en que Paco Rabanne sacó aquellos trajes de metal que le hicieron tan famoso. Es una sátira de aquel momento.
Cuando empecé a trabajar a temprana edad (tonta yo, no sé por qué no hice año sabático, máster o lo que sea para marear la perdiz un poco más), me coloqué en una agencia de publicidad americana donde trabajaba una creativa que, a decir verdad, desprendía una cara dura de impresión. Decía que para saber si una campaña era buena o mala, pasaba de tests de mercado, dinámicas de grupo y otros métodos, ya que lo que mejor funcionaba era el "madre-test". Le contaba la idea a su madre, y si lo pillaba y le gustaba, sabía que tendría éxito con la mayoría de la gente.
Mi madre tiene una habilidad parecida, pues a todo le cambia el nombre para llamarle algo que le suena mejor o le sale más fácil. Además, en un momento, tira por tierra cualquier estrategia comercial que hayan ideado para que algo sea lo más poniéndole, sin darse cuenta, un nombre ridículo ya que, además, es negada para los idiomas. Lo último es que al fotoshop le llama el fotoshock. Y es que me parece que el nombre inventado es mejor que el original, ya que siempre he pensado que los que se dedican a "fotoshopear" las fotos de las revistas deben ser la reencarnación moderna de los que maquillan los cadáveres en la funeraria. Mi madre ha clavado el shock que se llevan tanto los que han visto el original como los que tenemos que vivir con el imposible de las fotos retocadas.
Como le decía yo a un amigo que le va la historia esta de las fotos, en las únicas que me gusto es en las que no parezco yo. Será para que mi madre se pregunte "Qui êtes-vous, Polly Maggoo?".
Cuando empecé a trabajar a temprana edad (tonta yo, no sé por qué no hice año sabático, máster o lo que sea para marear la perdiz un poco más), me coloqué en una agencia de publicidad americana donde trabajaba una creativa que, a decir verdad, desprendía una cara dura de impresión. Decía que para saber si una campaña era buena o mala, pasaba de tests de mercado, dinámicas de grupo y otros métodos, ya que lo que mejor funcionaba era el "madre-test". Le contaba la idea a su madre, y si lo pillaba y le gustaba, sabía que tendría éxito con la mayoría de la gente.
Mi madre tiene una habilidad parecida, pues a todo le cambia el nombre para llamarle algo que le suena mejor o le sale más fácil. Además, en un momento, tira por tierra cualquier estrategia comercial que hayan ideado para que algo sea lo más poniéndole, sin darse cuenta, un nombre ridículo ya que, además, es negada para los idiomas. Lo último es que al fotoshop le llama el fotoshock. Y es que me parece que el nombre inventado es mejor que el original, ya que siempre he pensado que los que se dedican a "fotoshopear" las fotos de las revistas deben ser la reencarnación moderna de los que maquillan los cadáveres en la funeraria. Mi madre ha clavado el shock que se llevan tanto los que han visto el original como los que tenemos que vivir con el imposible de las fotos retocadas.
Como le decía yo a un amigo que le va la historia esta de las fotos, en las únicas que me gusto es en las que no parezco yo. Será para que mi madre se pregunte "Qui êtes-vous, Polly Maggoo?".
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