En la facultad me hicieron leer un libro relacionado con el marketing que se llama "Hacerlo bien y hacerlo saber".Este verano, en la Costiera Amalfitana (Positano, Capri, Amalfi, Ravello...) he podido comprobar como se puede sacar el máximo de lo que la naturaleza te ha dado y hacerlo saber. Acantilados pedregosos convertidos en glamourosos balcones al mar, mini-playas inhóspitas de piedras convertidas en lidos de rayas azules y blancas en las que la gente paga por pasar el día.
En España tenemos las playas más increíbles, echadas a perder por el ambiente vocinglero o el chabacanismo belenestebanesco que consume a golpe de colilla apagada en la arena y tupper de sardinas el más preciado día de sol interminable. Lo peor de cada casa extranjera nos visita, cuánto honor, bienvenido Mr. Marshall, deje aquí su basura y su vómito alcohólico, que nosotros se lo barremos. Dedicaremos parte del maltrecho erario público a financiar nuestra famosa vergüenza nacional, qué bien lo pasamos torturando seres vivos y que colorida es la sangre, ese rojo favorece... Así nos va.
Dicen que es cuestión de tiempo, pero la alarma del reloj biológico nos lleva sonando de largo sin que queramos escucharla.
¿Y qué?, con lo chupiguay que se está en los bares, ¿a quien le importa acabar siendo el puticlub de Europa?.
Matrícula de honor en hacerlo mal y que se entere hasta el conguito.
Estoy totalmente de acuerdo, es también una cuestión de civismo. Cierto que precisamente en el sur de Italia no es un valor muy representativo, pero claro, esa tradición secular de haber sido el referente de la cultura occidental, algo supongo que deja. Y si algo sí que hay allí que no hay aquí, es que lo que tienen, no lo destruyen...
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