"Aquello que no está ligeramente distorsionado adolece de una falta de atractivo considerable; de lo que se deduce que la irregularidad, es decir lo inesperado, la sorpresa, el asombro, son una parte esencial y una característica de la belleza".
Baudelaire.
Esto es muy, pero que muy acertado, aunque para llegar a esta conclusión es necesario contar con una mente abierta y unos ojos entrenados. Si cualquiera de estas dos circunstancias es rara, encontrar a alguien en quien se reúnan ambas es realmente extraño, ya que para tener la mente abierta hay que tener inteligencia y para entrenar los ojos hace falta mucho trabajo.
Hace unos días visité una exposición que reunía bastantes piezas de la obra de Andy Warhol, incluyendo trabajos audiovisuales, sus famosas serigrafías y un corto sobre cómo se maquilló para una serie de fotos en drag. En ese vídeo era ya bastante mayor, pero disfrutaba igual que mi sobrina de seis años cuando le regalo una de mis barras de labios.
Me encanta la obra de Warhol y me encantó la sensación que transmite su actitud, la de esas personas que pasa el tiempo y siguen abiertos a innovar, a trabajar, a no rendirse. Muchas de las piezas que vi pueden tener más de cincuenta años, pero podrían estar hechas ayer. Creo que dentro de 100 años seguirá pasando lo mismo.
Este es un privilegio de los que poseen el tipo de mente que diferencia a un artista de un visionario, esos que no se detienen ante la perfección, sino que la rompen en busca de lo inesperado, la sorpresa, el asombro…
No intento decir que a todo el mundo le tiene que gustar Andy Warhol, eso es demasiado personal. Si bien es un ejemplo claro de un visionario, hay otros que hacen lo mismo de otras maneras.
Los demás, los que no hemos tenemos esa capacidad, lo único que podemos hacer es abrir la mente e intentar entrenar los ojos lo que nos den de sí para poder apreciar. Al fin y al cabo, querer es poder y no hay peor ciego que el que no quiere ver.
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