Existe algo que se llama la Asociación de Técnicas Regresivas Aplicadas. Es decir, la hipnosis. Según ellos, la hipnosis tal y como la conocemos es solo fruto del cine y de los espectáculos de magia, ya que la técnica real es la autohipnosis, de manera que no es otra persona la que te hace caer en sueño profundo y se hace dueña de tu voluntad, sino que te sumes a ti mismo en un estado de hipnosis consciente, a través del cual aprendes a dominar tu vida, perder complejos, superar traumas, etc.
Sin saberlo, vengo practicando últimamente la autohipnosis a través del canal Aprende Inglés TV. No lo puedo evitar. Si me pongo a hacer zapping y pasa por delante de mis ojos Richard Vaughan, me quedo clavada. Dan las doce de la noche y ahí estoy, absorbida por su pronunciación de gentleman tejano, sus ademanes de predicador, su aire de marido que te quiere a pesar de llevar treinta años casados, su penetrante mirada azul y sus manos de dedos eternos, con manchas y arrugas de guiri que ha pillado demasiado sol paseando por la Alhambra… Richard Vaughan es la personificación de la experiencia de la enseñanza del inglés. Lo sabe todo, todito, todo.
En una de estas sesiones de hipnosis, dijo un par de cosas que me hicieron pensar aún más de lo que pienso ya normalmente, que suele ser demasiado. Dijo que jamás, bajo ningún concepto, intentemos borrar del todo el acento español. El lleva viviendo en España desde los veintiún años y los sesenta no los cumple, pero aún arrastra un acentillo americano que se te pega al subconsciente. Afirmó que cualquiera que sea tu discurso, será más interesante si tienes un deje extranjero. Vaya por Dios, el tiempo tan valioso que he perdido intentando hablar un perfecto inglés y me vengo a enterar ahora. Pero qué razón tiene.
Rememoremos aquellas pelis de José Luis López Vázquez en las que se acerca una francesa con bikini a la cadera y les deja a todos locos con un simple “pog favog señog, ¿tiene hoga?”… Genial, complejo nº 1 eliminado a través de la hipnosis vaughaniana: el de españolita. Resulta que hablando inglés con acento de Chamberí puedo dejar K.O. al americano rubiales de metro noventa y cinco. Y encima a la gabacha le coloco al López Vázquez. Menudo pleno.
Otra sabrosa afirmación de Richard es que nunca se debe emprender el aprendizaje de un idioma si no es que tienes una poderosa razón para hacerlo. Y como poderosa razón no vale que te gusten los idiomas y quieras mantener la neurona activa, sino que te veas forzado porque lo exija tu trabajo o alguna circunstancia personal. Esa es la razón, dice Richard, por la que los angloparlantes en rara ocasión hablan bien un segundo idioma. Es un asunto de pérdida de tiempo invertido. Este segundo razonamiento vaughaniano me lleva a la eliminación de otro de los complejos nacionales: el de tontos.
Imaginaos que todo el tiempo que llevamos invertido en aprender idiomas lo pudiéramos invertir en aprender más tecnologías, profundizar en investigación… esto me hace preguntarme en qué invierten tanto tiempo extra los angloparlantes. No es que les vaya mal, pero les debería ir el doble de mejor. Por eso, si además de saber inglés, eres un buen profesional y tienes un conocimiento profundo de telecomunicaciones o de la obra de García Márquez, enhorabuena, eres un auténtico crack.
Lo cierto es que sin la presión de aprender inglés no existiría Aprende Inglés TV, ni la capacidad hipnotizadora quitacomplejos de Richard Vaughan. Ni lo chula que salgo a la calle desde que le conozco. Otra cosa más que se pierden.
No hay comentarios:
Publicar un comentario