Hace poco, con unos amigos, discutíamos la razón por la que algunas personas, a pesar de cumplir uno cada año como todos los mortales, siguen siendo siempre jóvenes. Creo que la genética tiene mucho que ver, pero, en realidad, es una mezcla de cuidarse y de actitud. Pero el otro día leyendo, caí en la cuenta de otro componente más que quizá sea la clave de la eterna juventud.
Un día una notable dama norteamericana de viaje por Europa, tuvo la oportunidad de visitar a Isak Dinesen en su casa danesa. Tras pasar una tarde charlando con ella, le pidió si pudiera dedicarle un ejemplar de Out of Africa, a lo que Dinesen se comprometió. Al día siguiente, la señora americana recibió en su hotel el libro dedicado, pero la escritora había cometido el error de dedicárselo poniendo el apellido del reciente ex marido de esta señora, con el que acababa de pasar por un turbulento divorcio. La siguiente mañana, recibió un segundo ejemplar, esta vez dedicado a su nombre correcto y con la siguiente frase: “He who makes no mistakes seldom makes anything. Karen Blixen”.
Equivocarse y rectificar, esa es la clave. Me he equivocado muchas veces y además con decisiones vitales, tales como a qué dedicarme el resto de mi vida o con quien compartirla hasta que la muerte nos separe. Deshacer esto y volver a empezar te da la sensación de ser “el nuevo”, de que un mundo de posibilidades se abre delante de ti. Es como volver a ser muy joven, como cuando cualquier cosa es posible. Tengo la eterna sensación de ser la nueva, la que tiene aún todo por hacer. A veces desespera, porque piensas que todo el mundo ha conseguido muchas cosas menos tú, pero, en el fondo, tiene su parte positiva: aún puedes hacerlo mejor. Esta sensación te mantiene fresco, vivo, alerta. Sabes que no te vas a sentar a esperar.
Otra anécdota divertida es la de una excéntrica cantante de jazz que mantenía la teoría de que se había reencarnado varias veces. Una de ellas, decía haber sido prostituta en Jerusalén, en la época en la que vivió Jesucristo. Le preguntaron que cómo tenía la certeza de ello, a lo que contestó: “Oh, recuerdo la crucifixión muy bien. Sí, nunca olvidaré cuando ví el Jerusalem Times y leí el titular: Jesucristo Crucificado”.
Mmhhhhh, este mistake no vale como crema antiarrugas, eh???
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