lunes, 22 de diciembre de 2008

What a little moonlight can do…

Parece ser que Kim Kattrall, una de las actrices de Sexo en Nueva York, ha decidido cambiar muchas de las luces de su casa porque dice que no se veía favorecida. Cualquiera que haya trabajado en cine o entienda de fotografía, sabrá que la luz es mágica. Claro que existe el photoshop, pero eso ya no es magia, más bien entra en el terreno del Lourdes tecnológico. Kim tiene razón. Sin ir más lejos, están las luces de mi cocina. La del techo es un neón de luz blanquecina, de esas que te hace parecer cansado, pálido y que, al venir de arriba, saca el mejor tono morado a las ojeras, una sombra que alarga la nariz y a los que se les ve un poco el cartón, se les ve hasta lo que están pensando. Obviamente, esta luz no la enciendo nunca. La otra son unos halógenos encastrados sobre la encimera con una luz cálida y favorecedora. Bajo esa luz todo lo que cocines parece apetecible. Hasta mi mayonesa, que podríamos calificar como de un humor ácido, tiene un pintón. Ni que decir tiene que utilizo mis habilidades culinarias como prueba de amor. Si invito a cenar a alguien a mi casa y vuelve, realmente me quiere. Iluminación aparte.
Según la teoría de los seis grados de separación, todos estamos conectados a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cuatro intermediarios.
De acuerdo con esta teoría, deberíamos ponernos manos a la obra y localizar a los cuatro intermediarios que conecten a Kim Kattrall con Jesús Quintero. Jesús es un curioso periodista que conduce un también curioso programa, en el que saca lo mejor de cada entrevistado a fuerza de la incomodidad de los silencios. Hace una pregunta en tono cadencioso y deja caer un silencio que el contrario a menudo se ve forzado a rellenar. Entonces es cuando el personaje cuenta lo que no quiere contar, o demuestra su habilidad para salir de situaciones más o menos comprometidas. Pero el que es realmente hábil en el programa de Jesús Quintero es el técnico de iluminación. No sé si habréis reparado en esa luz surreal, acogedora, que elimina bolsas, arrugas, da un brillo especial a la mirada, un lustre increíble al pelo… pero si hasta a Rubalcaba le brillaba la calva con un je-ne-sais-quoi… Un noventa por cien del atractivo del programa lo tiene esa luz. Es como si saliera de la mesa donde se sientan entrevistador y entrevistado, de ese cristal blanco y opaco, coronado por un micrófono dorado que crea un ambiente místico que me recuerda al que conseguía Tino Casal.
Si alguno de vosotros tiene que ver con Jesús Quintero, o con su técnico de iluminación, o con Kim Kattrall, sería bueno saberlo y demostrar la teoría de los seis grados de separación, para felicidad de la actriz. Si no, le podría recomendar los halógenos de mi cocina.
En fin, buenas noches y buena suerte, let the force be with you, y que Jesús Quintero os ilumine, queridos.

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