lunes, 22 de diciembre de 2008

Up where we belong

Muchos de los que me conocéis bien sabéis la admiración que Truman Capote me merece como escritor. Otro de los que también me gustan es Salinger, pero en este caso confieso que, aparte de El Guardián del Centeno, he leído un par de cosas más, pero no demasiado. El protagonista de El Guardián... en una de las muchas reflexiones que se trae, dice algo que siempre he pensado: te suele gustar un escritor cuando piensas que, si le conocieras, podríais ser amigos. Una de dos: o soy tan buena como Salinger, o pienso como un chaval de high school americana. Lamentablemente, me inclino por lo segundo.
Creo que pasarlo mal con TC (abogados, quiero decir Truman Capote, no Tribunal Constitucional…) era imposible porque era un gran profesional del entretenimiento. Tanto, que acabó convirtiéndose en un bufón. En realidad, no hay nada más nocivo que la gente aburrida, esa que se sienta a dejarse divertir, creando en el otro la obligación de que la vida sea amena. A TC se lo tragó su propio personaje, ese que nació de sus ansias de pertenecer. Esa fue su propia trampa, utilizar su enorme capacidad de entertainer para introducirse en una sociedad a la que no pertenecía, ese grupo en el que su madre siempre quiso desesperadamente ser incluida. Acabó siendo víctima de su lucha por complacer a su madre, por deshacerse de la sensación de culpa que te produce que te abandonen.
Parecía no darse cuenta de que para las personas que habían nacido en esa alta sociedad no era más que un juguete con el que añadir un poco más de glamour, una manera de incluir en sus vidas a alguien que vivía de lo que sabía hacer. Solo digo “parecía no darse cuenta” porque puede que se diera cuenta demasiado bien. Al final de su vida se vengó de la mejor manera que sabía, escribiendo su última obra, Answered Prayers. En un espejismo, sus plegarias habían sido escuchadas, había conseguido pertenecer, pero no es una sorpresa que a ese tipo de sociedad no se pertenece por méritos propios; como mucho, te dejarán ser su bufón. Piensas que estás dentro, pero en realidad miras desde fuera como se divierten.
Seguramente, si en alguna ocasión hubiera podido conocer a TC, me habría quedado muda. Suele pasar. Pero si hubiéramos sido amigos, le habría pedido dar con él un paseo por la calle, ver a la gente y todo lo que nos rodea a través de sus ojos, y que me enseñase a describirlo en una de esas frases que son como una pulsera de diamantes deslizándose entre los dedos, como una cadena de estrellas brillantes… Qué pena, aún le hubieran quedado muchos años para regalarnos algún trocito más de magia, pero no fue así. Y todo para al final ni siquiera pertenecer.
Eso sí, nos ha dejado su increíble obra y dos enseñanzas más que valiosas: la primera, nunca pertenecerás al mundo de los “herederos” si vives de tu trabajo; la segunda, tu madre nunca estará satisfecha.

No hay comentarios:

Publicar un comentario